jueves, 16 de mayo de 2013


¿Cómo distinguir entre verdaderos profetas y falsos profetas?


Esta es una pregunta importante si realmente decidiremos seguirlos, porque esta distinción nos ayudará a distinguir entre la religiones verdaderas o al menos legítimas y las falsas  o peligrosas. Es interesante reconocer algunas de las falacias que utilizan algunos miembros de las sectas y lo que dice la Biblia. Aunque en este ensayo no demostraremos la validez de la Biblia, sino en otro capítulo, utilizaremos algunas de las citas como referencia para reconocer entre la validez de los profetas en la Iglesia Católica y las de las sectas.

Muchos católicos, sí vivimos en una crisis, muchas veces no mostramos esos frutos, vivimos más según el mundo y nuestra fe en Cristo es débil, sin embargo, debemos seguir luchando con un amor sincero como lo manda en Mc 16, 15: “Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio”.

En Deuteronomio 18, 19- 20 afirma Dios que le pedirá cuentas al que no escuche al profeta, aunque también advierte “al profeta que tenga la osadía de anunciar en mi nombre lo que yo no le haya ordenado decir o hable en nombre de otros dioses, ese profeta morirá”. Es decir, será castigado quien esté anunciándose profeta cuando no lo es.
Más adelante, (DT, 21-22) permite cuestionar al creyente cómo reconocer al verdadero profeta del falso. ¿Cómo se resuelve? “Si ese profeta ha hablado en nombre del Señor y su palabra no tiene efecto ni se cumple, entonces es cosa que no ha dicho el Señor. El profeta ha hablado por arrogancia; no lo temas.
Esto lo repetirá Jesús en Mateo 7, 15-20 "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestido de oveja y por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de los espinos o higos de los cardos? Así también, todo árbol bueno da frutos buenos, pero el árbol malo da frutos malos". "Un árbol bueno no puede dar frutos malos, ni un árbol malo frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego. Por sus frutos los conoceréis".
“Guardaos de los falsos profetas”, advierte Jesús, no juzgarlos, ni condenarlos ni insultarlos. Pero si hasta hacen prodigios en el nombre de Dios. Jesús nos advierte en Mateo 24, 24-25 que no le creamos…"Entonces si alguno os dice: El mesías está aquí o allá, no lo creáis. Surgirán falsos mesías y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios para engañar, si fuera posible, aún a los mismos elegidos”.

Pero, actualmente hay muchas religiones, tantas a la carta como nuestros gustos. ¿Cómo distinguir entre las falaces y las verdaderas? 1 Jn 4, 1-6 “Queridos míos, no os fiéis de todos los que dicen que hablan en nombre de Dios; comprobadlo antes. En esto distinguiréis si son de Dios; el que confiesa que Jesús es el Mesías hecho hombre es de Dios; y el que no confiesa a Jesús no es de Dios, sino del anticristo, del cual habéis oído decir que estaba para venir y ya está en el mundo. Hijos míos, vosotros sois de Dios, y lo habéis vencido. Porque el que está en vosotros es más grande que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, y por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha. Pero nosotros somos de Dios. El que conoce a Dios nos escucha; y el que no es de Dios no nos escucha. En esto distinguimos el espíritu de la verdad y el espíritu del error”.

Aunque es verdad que muchas decisiones personales las tomamos con base en los sentimientos, las pasiones y la voluntad, es importante poder distinguir los argumentos válidos y las inválidos. Muchos grupos proselitistas en América Latina han tenido éxito y Jesús les advierte en Lucas 6, 26 “¡Ay de vosotros cuando os alaben todos los hombres! Así alababan sus padres a los falsos profetas".

Para que tengan éxito en su show, los grupos proselitistas utilizan los siguientes ingredientes según P. Amatulli en Aprendiendo a dialogar con las sectas: 

Temor al próximo fin del mundo, (argumento ad baculum, donde se advierte al interlocutor las desagradables consecuencias que tendrá para él no aceptar la opinión presentada).

En que los que no están con ellos serán destruidos: (falacia de distracción: falso dilema), donde se ofrecen dos alternativas cuando de hecho existen tres o más opciones).

Exaltación emocional por la salvación ya alcanzada  (Recurso a la piedad, se persuade al interlocutor por simpatía). A diferencia de los demás que quedan todos  condenados;

Promesa de felicidad para sus seguidores, que consiste en la salud, la prosperidad, el éxito económico en este mundo, y después… la gloria eterna.

Lo cierto, y que he experimentado varias veces y con amigos cercanos es el miedo a dialogar, evitar el debate y nos condenan antes de escucharnos. No pueden soportar una análisis frío de la Palabra de Dios, por el temor a verse derrumbarse todo su mundo. Lo único que sirve para ellos, es repetir slogans y textos bíblicos sueltos, acusando a todo mundo de paganismo, idolatría y perdición. Su única defensa efectiva consiste en encerrarse en sí mismos y no permitir el acceso a ninguna otra idea que pueda causar “confusión”, “duda”, y “desencanto”. Como es fácil darse cuenta, se trata de una seguridad ficticia, cargada de temores y ansiedades.




jueves, 25 de abril de 2013


¡AUXILIO! NECESITO UN PSICÓLOGO!

Padre: Hola, vengo a una cita… sí con el psicólogo tal. Muchas gracias. 
Hola qué tal, vengo a consultarle porque me preocupa mucho las actitudes de mis hijos adolescentes. A varios de ellos les atrae lo prohibido, ya sabes: el consumo de drogas en grupo, las relaciones sexuales, los delitos, la violencia física… Pero, la verdad, es que no sé cómo educar a mis hijos ante esta presión de grupo. Dígame, ¿qué puedo hacer?
Psicólogo: No se preocupe. Lo importante no es encontrar una respuesta rápida y sencilla. El asunto es más complejo de lo que se imagina. A ver, dígame, ¿usted recuerda cuando era joven y le atraía lo prohibido?
Padre: Sí, claro. Bueno, más o menos, lo que recuerdo es esa fascinación que sentía hacia el reto que me ponía a prueba como hombre, por ejemplo, ser el más fuerte, valiente entre varios de mis amigos. Recuerdo en el peligro que nos poníamos al conducir una motocicleta a toda velocidad o tomar hasta emborracharnos para demostrarme a mí mismo que podía saltar los límites de la vida y la muerte. 
Psicólogo: ¿Y por qué lo hacía?
Padre: Porque… pues la verdad por aquello que dicen “fruta prohibida, más apetecida; cosa vedada, más deseada”. Sentía que la restricción de los mayores limitaban nuestra libertad.  Quería experimentar esa sensación de ser libre. 
Psicólogo: Y dígame, ¿No es lo mismo que sienten ahora sus hijos ante sus prohibiciones?
Padre: Quizá, pero la experiencia me ha enseñado que las drogas tienen efectos irreparables para el cerebro, las relaciones sexuales tienen consecuencias como un embarazo no previsto o ser infectado, y cometer delitos y violencia atentan contra los derechos de los demás y los puede llevar a prisión, al manicomio o incluso a la muerte.  La verdad creo que no vale la pena. 

Psicólogo: ¿Y quién cree que usted que tiene autoridad para decretar tal prohibición?
Padre:  Pues en primer lugar Dios,  como creador de la tierra nos dio a cada uno la propia consciencia para distinguir entre el bien y el mal; el estado que se preocupa de que sean ciudadanos responsables, comprometidos y saludables; los maestros quienes les enseñan a pensar y por supuesto nosotros que los amamos y nos preocupa su bienestar físico y espiritual. 
Psicólogo: ¿Y por qué cree usted esto?
Padre: Porque no quiero que mis hijos se conviertan en presas de la manipulaciones, chantajes, falacias. Me interesa que expresen lo que quieren y que tengan criterios para distinguir entre lo que es bueno y malo.
Psicólogo: ¿Y qué relación cree usted que exista entre el contenido de la prohibición y la naturaleza de los deseos humanos?, es decir, ¿por qué habría que prohibir algo que todos quieren: como el poder, el dinero, el placer, la sensualidad, el prestigio social, la propia imagen, la diversión etc?
Padre: La verdad no quiero parecer autoritarista, retrógrado o moralista, pero por otro lado me parece importante que se esfuercen por conocer la verdad con su inteligencia y a elegir el bien con su voluntad. Sin embargo, aquí entra la libertad, porque no basta conocer la verdad para actuar en consecuencia. Y aquí está el dilema entre ser un valiente o un temerario. 
Psicólogo: Exacto, podría ser… pero qué crees que es lo más importante. Dime para ti ¿qué riesgos notas cuando les das libertad?
Padre: Por experiencia que es más fácil hacer el mal y caer en errores irreversibles o mortales, por eso considero prudente poner algunos límites y no lamenten después errores irreversibles que los hagan sufrir y arrepentirse.
Psicólogo: ¿Cómo cuáles?
Padre: Como el consumo de drogas, el sexo, los delitos, la violencia física, el acoso, etc. 
Me parece que estas actitudes no sólo los pone en riesgo de su salud física sino también mental. 
Psicólogo: ¿Y por qué las considera riesgosas en esa edad?
Padre: Porque no creo que sean conscientes de las elecciones que hacen. Muchas veces lo hacen por capricho o por los sentimientos. Pienso que es una etapa crucial en las decisiones de los que son y lo que quieren ser en un futuro.  Me gustaría que eligieran decisiones constructivas en lugar de riesgosas. 
Psicólogo: Ah, sí?
Padre: Sí, muchas veces me da la impresión que los jóvenes pueden sentirse acomplejados por no tener criterios ante presiones de grupo, de quien tiene el poder o de quien les quien les quiere vender todo. 
Psicólogo: ¿Y cómo lograr decisiones libres, es decir, una decisión de lo bueno y lo verdadero?

Padre: Pues sólo veo una salida: que tengan su propia personalidad, es decir, capacidad de decir que no por decisión propia y no por miedo a que se burlen o se sientan raros frente al grupo de amigos. 
Psicólogo: ¿Qué propones?
Padre: Como padre darle buen ejemplo, que vean los valores vividos agradables, no acartonados ni autoritarios, sino más bien, que experimenten la alegría surgida del esfuerzo de haber leído un buen libro, de haber podido decir “no” y alejarse de quien no vale la pena, poder sacrificar una fiesta para preparar un examen o interesarse por los problemas sociales de un pueblo. 
Psicológo: Pues ahí lo tienes, tú mismo tienes las respuestas a tus preguntas. Recuerda que también esto depende de la edad y circunstancias de cada uno de tus hijos. No te des por vencido y recuerda que estoy aquí para escucharte. 

Padre: Muchas gracias por todo… Hasta pronto. 

jueves, 21 de febrero de 2013

Reseña de la película: "Los Miserables"


Reseña de la película “Los Miserables”

Víctor Hugo, autor de la novela Los Miserables, capta los valores más humanos, dramáticos y existenciales en cada uno de sus personajes y los presenta en su obra de forma poética y esperanzadora. El autor analiza en un contexto histórico crucial, el destino de todo un pueblo ante la opresión de reyes que promueven la injusticia social y política. Frente a un escenario crucial, como es un guerra, la grandeza y la miseria humana se evidencia claramente.

El autor logra captar en cada uno de sus personajes los valores más grandes y más viles que cada ser humano es capaz de elegir. El autor confesó que se había inspirado en Vidocq, criminal francés que se redimió y acabó inaugurando la Policía Nacional francesa, para crear a los dos protagonistas y que la historia de su país le había inspirado para situar el contexto histórico.

Por un lado Jean Viljean quien fue capaz de cambiar el destino de su vida, muestra que nada está escrito ni determinado por circunstancia alguna. Jean Valjean, un hombre ex convicto, quien ha sufrido la experiencia del hambre, la injusticia, la soledad y la humillación; se siente confundido ante la libertad en un mundo que le espera y quien no sabe qué esperar de él. Un hombre cualquiera que gracias a la compasión, acogimiento y perdón de un obispo se renueva por dentro y se reconoce a sí mismo, no como un ladrón que simplemente  huye, sino como un ser humano delante de Dios y ante él mismo, y así decide cambiar el rumbo de su vida para siempre. 

Y por otro, un policía, Javert, hombre de fuerte temple, honorable que convierte su deber en objetivo de su vida, insensible ante el dolor ajeno, al final de su vida no logra comprender valores más allá de la mera legalidad. Se define a sí mismo como juez implacable de la justicia, y al no obtener una respuesta coherente de la obsesión por encerrar a un ladrón, decide por terminar con su propia vida trágicamente.

El autor también capta desde los valores de jóvenes valientes que luchan por sus ideales políticos y sociales hasta la muerte; la heroicidad e inteligencia de un pequeño niño; pasando por la tragedia de un amor no correspondido; hasta la astucia de los ladronzuelos; la mezquinidad de compañeras de trabajo y dureza de un capataz que juzgan expulsan a una madre soltera de su empleo honesto.

El hilo conductor de la toda la obra es el amor y ternura que inspira una pequeña niña Cosette, quien nace en la miseria, pero rodeada por el gran amor de su madre, quien se encuentra desempleada y desesperada llega hasta la prostituirse por su amor, sin tomarle gusto por esta profesión, siente el coraje decide no se dejarse llevar por la perdición, finalmente encuentra su esperanza en  Jean Viljean, quien promete cuidar de su hija, y así la madre muere en paz.

El autor también muestra que las decisiones más difíciles para Jean Viljean no fueron solamente la compasión y la ayuda con el que sufre, sino consigo mismo, con la consciencia del propio pecado y una posible condenación, llevan al protagonista a la oración íntima con Dios (con ambos candelabros que recibió del Obispo) y enfrenta su propio destino con valor y confianza en el Señor. Su identidad la conforman un pasado de conversión, fortalecida con la oración y llevada a la práctica con la caridad.  



martes, 8 de enero de 2013

Muchas personas se salen de la Iglesia Católica por resentimiento, por que vivieron o vieron malos testimonios, por incertidumbre y desconfianza del manejo de las finanzas, política o moralidad que dicta la Iglesia. Sin embargo, la Iglesia no es una institución meramente humana, sino también divina. La Iglesia Católica se declara a sí misma santa, porque santo es su fundador, santos los medios de salvación y santo su espíritu que la guía. 

Esto puede ser desconcertante a primera vista, pues, ¿cómo puede ser una institución que se declara santa puede estar compuesta por santos y pecadores? A pesar de que no parece tener sentido, la misma Biblia es la historia de santos y pecadores: el asesinato de Caín, la embriaguez de Noé, la idolatría del pueblo de Israel, la duda de Moisés y de su hermano Aarón; el adulterio y homicidio del rey David; e incluso pecados de los discípulos de Jesús: la traición de Judas, la negación de Pedro, la huida de los apóstoles y su debilidad ante el juicio de Jesús.



La historia de la salvación está compuesta de hombres que no nacieron santos ni se comportaron así desde que nacieron, sino que tenían la debilidad de la carne propia de todo ser humano. Entonces, ¿por qué nos extraña tanto que dentro de la Iglesia veamos seres humanos e incluso sacerdotes con desviaciones, la practica de injusticias sociales, abusos por parte de la autoridad y la idolatría de una religiosidad popular que ralla muchas veces en la superstición? De la existencia de pecado dentro de la Iglesia Católica algunas personas niegan el carácter divino de esta Institución. Se preguntan: ¿Cómo puede ser que el Espíritu Santo guíe esta asociación llena de corrupción y de pecado? Luego entonces la abandonan.

Sin embargo, esta decisión aunque parece tener una justificación psicológica (como el resentimiento contra alguien que hirió) no tiene una justificación lógica, racional ni doctrinal. Veamos por qué:

A) Lógica porque cae en una de las falacia conocida por los griegos como Modus Tollendo Tollens (MTT) que consiste en aclarar que un hecho no tiene una sola causa sino varias. Atribuir el pecado a la invalidez divina de la Iglesia es falso. El pecado tiene diversas causas: la inclinación al mal y la dificultad por el bien; la impunidad dentro de la sociedad y de la comunidad, la injusticia con los más débiles.

B) Racional. La solución al pecado nunca se resolverá encontrando culpables y desacreditándolos (como muchos ciudadanos que culpan a los políticos de todos los males sociales); tampoco señalándolos y juzgándolos (como muchos miembros de sectas que juzgan severamente a la Iglesia Católica); tampoco de trata de justificarlos (como hijos de su tiempo o del contexto histórico); o de llenarse de resentimiento y desilusión (más bien propia de un adolescente desencantado de sus padres).

C) Doctrinal. No debemos olvida que el mismo Jesús dice en la parábola de Mateo 13, 36-43. La cizaña y el trigo crecen juntos, unos con otros y que es hasta el final de los tiempos se separará el trigo y se arrojará al fuego la cizaña.

La propuesta de Cristo fue la de seguirlo y proclamar la buena nueva (Mc, 16, 15) con libertad. Esta libertad es interior, no se adquiere de manera automática ni determinante por estar dentro de la Iglesia. Dentro de la Iglesia existe el sacramento de la penitencia. Aunque este no excluye del sentido común la existencia de un ombudsman o defensor de los derechos humanos para quienes no tienen esta conversión interior. Este es el mismo criterio que debería tomar un enfermo: acudir al doctor y pedir a Dios. Ninguno debería de invalidar a otro.

Si existen problemas dentro de la Iglesia, no conviene tomar una decisión visceral, generalizar, juzgarlos o tomarlos como chivo expiatorio. Pero, ¿Cómo saber que esta Iglesia es la verdadera? En el próximo capítulo demostraré la legitimidad de la Iglesia. 

lunes, 24 de septiembre de 2012

Obesidad: un problema de salud pública, ¿un problema social?


La semana pasada me llamó la atención la cantidad de calorías que ingirieron mis compañeros de trabajo. Ellos comieron un aproximado de 2 rebanadas de pastel cada día (ojo: fueron 3 cumpleaños) equivalente a 700 calorías, las suficientes para una comida al día. Alguien podría preguntarse ¿esta ingesta de tantas calorías vacías es producto de la sociedad en la que vivimos o las elegimos libremente y con conocimiento?

Ciertamente los obesos en nuestra sociedad actual no están bien vistos. Muchas veces, se relacionan con un estatus bajo y muchos de ellos son rechazados y humillados. De hecho, no son pocos los que adjudican una parte del problema a la misma sociedad. El prejuicio, el tabú y falta de aceptación a las personas obesas en la sociedad provocan la baja autoestima y estigmatización de esta condición. “Si la sociedad no los juzgara tan duramente este problema no existiría”. Afirman.

Sin embargo, esta percepción varía de sociedad a sociedad. En otras culturas, la obesidad estuvo asociada con atractivo físico, fuerza y fertilidad. Algunos de los primeros artefactos culturales conocidos, como las figuritas de Venus, son estatuas tamaño bolsillo representando una figura femenina obesa. Esto es más probablemente debido a su habilidad para lidiar fácilmente con niños y sobrevivía las hambrunas.

Si bien, es cierto que las personas obesas tienen derecho a no ser juzgadas por su condición, y no merecen insulto alguno; así como las personas homosexuales, los discapacitados, los alcóholicos o los débiles en general, no se puede negar que existe un problema de salud física y emocional. La obesidad, así como otros hábitos alimenticios perjudiciales, como la anorexia y la bulimia están relacionados con lo emocional en el que las personas tratan de compensar (ya sea por el exceso o por el defecto) estas necesidades afectivas.

La obesidad no es algo malo porque otros dicen que es malo sino es malo en sí. Así es definida por la OMS como una enfermedad. La obesidad forma parte del síndrome metabólico siendo un factor de riesgo conocido, es decir predispone, para varias enfermedades, particularmente enfermedades cardiovasculares, diabetes mellitus tipo 2, apnea del sueño, ictus, osteoartritis, así como a algunas formas de cáncer, padecimientos dermatológicos y gastrointestinales.

Las causas de la obesidad son múltiples, e incluyen factores tales como la herencia genética; el comportamiento del sistema nervioso, endocrino y metabólico; y el tipo o estilo de vida que se lleve. Para Mazza (2001) entre los factores que pueden causar obesidad puede ser atribuido un 30% a los factores genéticos, 40% a los factores no heredables y 30% a los factores meramente sociales, es decir, la relación entre factores genéticos y ambientales son del 30% y 70% respectivamente.

Como muchos problemas de salud pública (comportamiento sexual, adicciones o depresión) la obesidad de previsible con la educación y los buenos hábitos alimenticios desde el hogar, de las necesidades afectivas satisfechas, de la práctica de ejercicio regular y de una dieta equilibrada y rica. Pretender que la obesidad deje de ser factor de riesgo para la salud por el hecho de ser socialmente aceptado es una falacia.

martes, 12 de junio de 2012




¿Qué es eso de pensar?

Pedro: Hola Juan, ¿cómo amaneciste hoy?

Juan: Hola. Precisamente, me estaba preguntando sobre lo que hacemos todos los días por la mañana.

Pedro: ¿A qué te refieres?

Juan: A que despertemos diariamente a la vida ordinaria. Aún antes de abrir los ojos, ya ciertos ruidos se adelantan a nuestro mirar para decirnos que “afuera” está llamando nuestro diario existir.

Pedro: Claro. El tic-tac del reloj nos hace ver la hora. Nos desperezamos, nos incorporamos, porque las cosas que nos rodean excitan nuestros sentidos, nos mantienen despiertos, nos ponen en movimiento... ¿Qué hay de extraordinario es eso?

Juan: Alguna vez te has preguntado: ¿Qué es lo que ha permitido que de pronto, sin pensar en ello, estemos tomando café, bien caliente, en la cocina? ¿Qué es lo que nos ha llevado a la puerta, lo que nos ha permitido recoger el periódico y estar aquí a punto de agotar el café que nos hemos preparado?

Pedro: Pues, la verdad no. Supongo que la costumbre o educación que hemos recibido... aunque lo que me preguntas me recuerdo a uno de los grandes sabios de la antiguedad o filósofos quienes tienen fama de ser muy despistados.

Juan: ¿A quién te refieres?

Pedro: “Se cuenta que Tales de Mileto, ocupado en la astronomía, y mirando hacia lo alto, cierta vez cayó en un pozo, y que una sirvienta de Tracia, de espíritu alegre y burlón, se rió diciendo que él, al afanarse por saber lo que veía en el cielo, se olvidaba de lo que tenía delante y a sus pies”.

Juan: ¡Exactamente! Se trata de un párrafo tomado de los diálogos de Platón, cuyas páginas contienen toda una reflexión encaminada a definir lo que es el saber bien fundado.

Pedro: ¿Y cómo distinguir entre un saber bien fundado como el de los grandes filósofos y un saber común como el de desayunar, que es una de las tantos instintos que satisfacemos diariamente?

Juan: Pues que en el saber común, que es un saber de la vida ordinaria, asegurados por nuestros instintos nos movemos atendiendo a las necesidades, los hábitos, los usos y las costumbres. Como por ejemplo la costumbre de cantar mientras nos bañamos...

Pedro: O como yo que soy un hombre muy práctico, y me dedico a los negocios.

Juan: Exactamente, el carácter práctico o pragmático del saber común en la vida cotidiana es un saber todavía irreflexivo, el saber constantemente originario de un mundo que se nos enfrenta rodándonos de cosas-instrumentos, de cosas-útiles, de cosas que “están a la mano” y sirven o no sirven según el área general dentro de la cual nos movemos.

Pedro: ¿Pero es que no hay en medio de todo esto una facultad de pensar?

Juan: Sin duda, en el diario ir y venir, llevamos nuestra razón, en tanto que facultad para pensar, a todas partes, es decir, cada uno en nuestra vida nos detenemos y formulamos nuestras propias convicciones de todo lo aprendido en la escuela, las costumbres y cultura recibida.

Pedro: ¿Entonces qué es lo que distingue el saber práctico y el pensamiento reflexivo? ¿Qué hay entre esos dos?

Juan: Cuando el pensar logra hacer un juicio de certeza y permanece así, en calidad de asomo a la verdad, entonces es cuando estamos en presencia del sentido común.

Pedro: ¿Y qué eso del sentido común?

El sentido común es el saber pre-reflexivo de la inteligencia humana, situado entre el saber común irreflexivo y el saber de contemplación reflexiva hacia el cual tiende.

Pedro: Pero como dicen, ¡el sentido común es el menos común de todos los sentidos!

Juan: Claro. De hecho, el saber del sentido común presenta un aspecto negativo: cediendo no pocas veces a los imperativos propios de la acción, a las decisiones que tenemos que adoptar en cada paso, deja de ser libre y queda regulado por todas las normas, las costumbres, las creencias y aún las supersticiones.

Pedro: Dado esta ambigüedad del sentido común, ¿no acaso entonces necesitamos de un saber más consistente y más profundo?

Juan: Claro. Por eso la actitud filosófica fue y sigue siendo, desde hace unos veintiséis siglos, el comienzo y el origen de toda interpretación inteligente y bien fundada que pueda realizarse. La actitud filosófica es precisamente el camino por el que la inteligencia humana puede liberarse de la magia, de los mitos, de las supersticiones y de toda práctica rudimentaria que aparenta ser un cimiento de lo útil y lo perfectible.

Pedro: Qué interesante. Y pensar que para muchos es sólo perder el tiempo. Nos vemos en la próxima sesión y espero a que me expliques más sobre esto de filosofar.

Juan: Hasta pronto.